domingo, 27 de diciembre de 2015

TRAVESTI






TRAVESTI


Leía el periódico y vi un retrato de mi hermano de crianza, sí, una foto de Ratón de confesionario. ¿Lo recuerdan ustedes? Ahora andaba metido en una bronca, por escándalos sexuales con cocaína. Sin embargo, en principio se enredaba con chiquillos. Pero Ratón de confesionario era impotente.


Cuando llegó a los treinta años, le dio por seducir a las feligresas adultas, pidiéndoles, por mensajes de texto desde
su celular, “Llegue en falda y sin calzones; se rasura bien el
monte de Venus, se me sienta en las primeras bancas, y abre
y cierra las piernas, para que cuando yo diga el “Cuerpo de
Cristo”, al levantar el cáliz, usted me las deje abiertas, para
que yo pueda mirar”. Así fue como el escándalo salió a la
luz pública.


Según las declaraciones de otras feligresas, Ratón de confesionario podía excitarse sólo en el reducto del
confesionario.


Primero fue su fantasía. Luego su obsesión. Según él, con
todas las feligresas tenía sexo. Pero eran mentiras. No lograba
una erección leñosa. Nadie sabía, ni siquiera el mismo Ratón
de confesionario, que el monaguillo la grababa las estancias
en el confesionario con cámara de video, aunque primero lo
hizo con el teléfono celular.


El monaguillo les pasó las cintas a los medios escritos y hasta transcribieron la conversación con las feligresas en el confesionario.


A veces, según las mismas víctimas, después de haberse arrodillado por casi treinta minutos y, cumplida la
imposición sacerdotal, Ratón de confesionario llegaba y les
insinuaba toda la sexualidad, en voz baja. Presionaba de
manera emocional a las damas, jóvenes o maduras, casadas,
viudas o solteras.


Estas, al no soportar la presión verbal de Ratón de confesionario, corrían como desquiciadas por entre las bancas.

Los latigazos hacían eco por toda la iglesia.

Su sadismo era el reflejo de las vivencias del Seminario, que
a él lo había marcado para siempre.

-Entre más corran, más duro les doy… tren de putas…
se las va a tragar la tierra de esta misma iglesia...
-les gritaba Ratón de confesionario.


Fue entonces cuando me di cuenta de las locuras de mi
hermano, de su doble identidad. Yo nunca lo señalaría ni lo
juzgaría, mucho menos sería capaz de condenarlo. Desde
jóvenes, como ustedes saben, los dos hemos sido buenos
amigos y lo seguiremos siendo. Además, él nunca me ha
salido a mí con mariconadas. Pero el pacto de sangre y el
juramento jamás se romperían. Lo que uno comía de niño lo
comía el otro; adonde iba uno, iba el otro, y así por el estilo.
Luego, al salir del colegio, Ratón de confesionario salió con
su vocación sacerdotal. Decía que él sería el intermediario
para evitar que se llenara el infierno.


A Ratón de confesionario, cuando lo suspendieron ad divinis, le quitaron los hábitos. En el Seminario, le rompieron el trasero. En una época, el ano se le puso como una coliflor, según contó él mismo en medio de una borrachera que nos pegamos los dos.

Los sacerdotes mayores lo habían agarrado de encargo.


Bien, hay que reconocer que Ratón de confesionario es
bien parecido, hermoso, de nalgas grandes y redondas.
Pero aquella desgracia emocional nunca la superó, aunque
conservó su personalidad masculina, pues de hecho no tiene ademanes de marica.


Lo busqué y nos encontramos. Empezamos a salir y la pasábamos muy bien.


La otra mañana, Ratón de confesionario me había llamado por teléfono y me había dicho que quería salir a buscar a una puta, recogerla y llevársela para el apartamento secreto. Le dije que me diera media hora.


Me extrañó que me pidiera tal favor; todos sabemos ya cómo
es él. Cuando Ratón de confesionario llegó, me explicó qué
tenía en mente, le dije que no había problema y nos fuimos.
Dimos varias vueltas por las principales calles donde están
esas mujeres, pero ninguna tenía el perfil que necesitaba
Ratón de confesionario. Fuimos a la cantina por un par de
cervezas.


La cerveza nos produjo ganas de orinar y los dos nos fuimos para el baño a la vez. Ratón de confesionario se quejó en la primera expulsión de orina. Volvimos a la barra y Ratón de confesionario le compró un par de éxtasis, a uno de los presentes. Dimos una hora más de tiempo, mientras
veíamos el final de las noticias del mediodía. Quizá porque
era aún muy temprano.


La mujer que buscábamos generalmente salía entre la una y las dos de la tarde, excepto cuando estaba en exámenes, porque esos días salía más tarde. Pero bien valía la pena esperar. Salimos a la calle, subimos al Nissan Sunny, y en la segunda calle, la encontramos, joven, hermosa y de cabello corto.


Ella estuvo de acuerdo en ir al apartamento y recibir el pago en efectivo. Se subió por la puerta de atrás y desaparecimos del lugar. Una vez en el apartamento, Ratón de confesionario puso música instrumental; a la muchacha le cambió el semblante y se puso cómoda.
Ratón de confesionario le pidió a ella unos minutos para ponerse ropa liviana. Dejó sobre la mesa un espejo con polvo de
cocaína listo para hacerse las líneas.


-¿Ve ese confesionario? Es de verdad, si quiere reza o, si quiere confesarse, puede hacerlo… - le dije a la muchacha.


La mujer se sintió extraña, muy extraña. Colgó su carterita en el respaldar de la silla del comedor y se sentó ahí mismo.

Pasaron quince minutos y Ratón de confesionario no salía.
La muchacha empezó a inquietarse; se levantó del sillón y
fue hasta la puerta. Su hermoso cuerpo quedó a contraluz


con la ventana. Yo estaba allí, en el otro extremo de la habitación. La jovencita me hizo señas de qué pasaba; yo no
dije nada, solo le hice señas de que esperara un momento y se sentara en la silla que tenía al lado.


-¿Todo está bien, amorcito?
-Sí… ya voy… Esperame, no serán más de tres minutos…
Cuando Ratón de confesionario salió de la pieza, se sentó
frente a ella y le dijo…
-Ahora sí, hablemos cosas de mujeres…


La joven prostituta quedó estupefacta, al ver frente aquel rostro tan perfecto, tan maquillado y aquel cuerpo impecablemente vestido de lentejuelas…

La  literatura de Faustino Desinach es fragmentada, atemporal, nostálgica, polifónica, capítulos cortos, reducidos breves,  casi  amputados, directos, esenciales, punzo cortantes, pero llenos de realismo sucio y cotidiano, se alimenta de paradas de buses, 
los viajes en trenes, mercados, moles, hospitales, barrios citadinos, al final hilados por la ambientación de personajes solitarios,  decadentes, neuróticos, y marginados.

TRAVESTI
El cuento hispanoamericano en las últimas décadas
José Carlos Rodrigo Breto

Máster en Literatura Hispanoamericana

Faustino Desinach, Balada clandestina
y su lugar dentro de la literatura costarricense actual:


Montserrat Doucet, la prologuista de Balada clandestina (2011), el libro de relatos de Faustino Desinach, y recientemente Premio Nacional de Literatura y Cuento de Costa Rica[1], que me ocupa en este trabajo, define una de las características fundamentales del texto a partir de la palabra balada que se encuentra en su título: “La balada, de transmisión oral, era una composición muy antigua usada por los juglares en la época medieval y que, con un lenguaje muy sencillo, narraba la historia de gente común y corriente: presentaba acción dramática, diálogos, amor, dolor y emociones. Balada clandestina (...) comienza con una interpelación al público al más puro estilo juglaresco y no abandonará este tono a lo largo de las veintidós historias que constituyen el libro, en las que el dramatismo, el amor, el dolor y las emociones se desbordarán hasta situar a la obra dentro de ese denominado realismo sucio cuyo padre –señalado así por Bukowski-, allá por los años 30, fue el escritor John Fante”[2].

En efecto, todo el libro está atravesado de ese lenguaje popular, sencillo, que narra las historias de la gente común y de los más desfavorecidos, quienes se mueven en las zonas limítrofes de la sociedad, y lo hace en un tono baladístico, en un tono de imprecación al lector que hace mucho más próximos los relatos y a su narrador, entroncando, en cuanto a temática, con el realismo sucio, una tendencia literaria de la que el propio Faustino Desinach se considera heredero [3]. Aunque la mayoría de los críticos suelen situar el nacimiento del realismo sucio a caballo entre los años 1970 y 1980, en opinión de uno de sus máximos exponentes, Charles Bukowski (1920), y también en la mía propia, el abanico temporal es mucho más amplio y será John Fante (1909) el iniciador de esta corriente[4], aunque para la crítica uno de los claros antecesores sea J. D. Salinger (1919), con un realismo sucio tal vez encontrado en sus cuentos[5], pero que en absoluto aparece en sus escasísimas novelas.

Las características del realismo sucio son minimalismo, parquedad en la expresión, concisión, incluso pobreza de elementos. Es lo contextual y no lo formal lo que aplasta al lector, lo que impacta. Como ejemplo definitorio de la corriente se podrían citar los textos Pregúntale al polvo (1939) y Camino de los Ángeles (1933)[6] de  John Fante, y Cartero (1971)[7] de Bukowski. Considerado como gran maestro del realismo sucio, y Desinach así lo tiene también -junto con Bukowski-, aparece el cuentista Raymond Carver (1938), aunque se debe tomar con prudencia su trabajo y su producción a la vista de las reveladoras confesiones de su editor Gordon Lish (parece que su tarea alcanzaba mucho más allá que la de ser mero editor, actuando casi de co-autor y retocando muchísimo, hasta la reescritura, algunos de los textos de Carver)[8]. A pesar de esta polémica, Desinach reconoce a Carver y también a Hemingway, “básicamente como dos profesores en la aula”[9] y su interés en “el realismo sucio reside en el minimalismo literario, por el énfasis que hace en lo directo del mensaje”[10].

Otros autores que, siempre según la crítica, caben en esta definición de realismo sucio, son el norteamericano Chuck Palahniuk (1962), fundamentalmente con su éxito Club de lucha (1996)[11], y ya en el ámbito de lo hispánico el poeta Roger Wolfe (1962)[12] y Pedro Juan Gutiérrez (1950) con su Trilogía sucia de La Habana (1999)[13], una tendencia de gran arraigo en Cuba, asentada en la pulsión sexual, como una vía sexual de escape a la dictadura[14], mientras que en Costa Rica, el realismo sucio manejado por Desinach es una manera de denunciar y poner de relieve una realidad enferma y empobrecida, la denuncia de los más desfavorecidos y marginales, con lo que se nos presenta un doble aspecto o función de la corriente según el país en el cual se inscriba: sexo liberador de la realidad o denuncia escatológica de esa misma realidad, en ambos casos insoportable.

Mucho tiene el realismo sucio de trabajo fotográfico, de instantánea tomada de la realidad inmediata[15], y los relatos que integran el volumen Balada Clandestina se nos presentan como una serie de esas fotografías en las que el narrador es un voyeur que captura los momentos más sórdidos para entregarnos un álbum de textos. Son todas ellas “historias cotidianas sin cerrar, con un lenguaje sencillo y un mínimo de recursos estilísticos, influidas por el realismo sucio de factura norteamericana; la obra cuenta, además, con la originalidad del mundo que refleja y en el cual se ubican los relatos: un país de América Latina donde las raíces indígenas permanecen bien presentes. El ámbito mágico que trae consigo la lluvia, por ejemplo, rinde tributo a la herencia hispanoamericana”[16]. Esta afirmación de Doucet, en el prólogo que escribe a Balada Clandestina, puede sorprender en un principio dada la mayoritaria tendencia de los cuentistas latinoamericanos de finales de siglo XX y de principios de XXI a desmarcarse del realismo mágico, al que reconocen y tributan su agradecimiento, sin renegar de él, pero con el que no quieren identificarse. Desinach no tiene ese problema, y reconoce abiertamente la influencia del realismo mágico y su interés e intención en incluirlo en su obra sin ningún tipo de trauma o problema de identidad: se crea así, en sus textos, una curiosa oposición de realismo sucio frente a realismo mágico cuyo resultado es el de una ciudad de San José de Costa Rica que podríamos definir como ciudad sucia[17].

Quizás este híbrido literario que aúna realismo sucio y realismo mágico dará como producto la tendencia apuntada por algunos críticos, la llamada Gótico Tropical. Para el crítico y escritor Juan Murillo, Balada Clandestina forma parte de una corriente literaria nacida en Costa Rica, a la que denomina así, Gótico tropical, en la que “una parafernalia gótica -una puesta en escena gótica (con referentes a la locura, los cementerios, los fantasmas, el espiritismo, la brujería…), etc., cohabita con un naturalismo descriptivo de escasez de recursos, apenas descriptivo y que utiliza problemas escabrosos y de miserias sociales en la ciudad de San José como ambientación para el desarrollo de las historias”.[18] Para Murillo, Poe y Lewis son escritores góticos que están presentes en el interior de los cuentos de Balada Clandestina[19].

Sin embargo, el crítico opina que los autores de esta San José, la ciudad sucia, no tienen interés en profundizar en los temas que tan sólo les sirven de marco, como la prostitución (ya sea infantil, o los homosexuales, los travestidos…), ni en la violencia, el alcoholismo, el narcotráfico…[20], cuando un vistazo desnudo de acomplejamientos demuestra que este realismo sucio minimalista lo que hace es denunciar y tomar posición y partido frente a esas lacras y estos dramas.

Y, como entrada al texto periodístico en el que desarrolla esta crítica, Murillo pone como ejemplo claro del estilo Gótico Tropical, el cuento “Travesti”, “al mezclar en una sola figura un elemento gótico (el monje loco, un cura en este caso) con un tema social –el travestismo-.”[21] No deja de sorprenderme y, como demostraré a continuación, el relato va mucho más allá del tema social, donde el travestismo es, quizás, lo de menos –o un golpe efectista final que convierte al texto en algo demoledor- y la denuncia es de muy profundo calado sobre otros aspectos sociales.

La obra de Faustino Desinach adopta, al igual que sucede con su anterior libro, la novela Efectos Personales (2009)[22] y varios poemarios, parte de esa tradicional cultura de la violencia que se ha expandido por Latinoamérica como un maremoto originado en la novela de la violencia colombiana (con profusión de sicarios y asesinatos que también aparecen en Balada Clandestina), pero producto, no sólo de una moda sino de una realidad: la Costa Rica actual hace mucho tiempo que dejó de ser la Suiza de Centroamérica para convertirse en un país corrupto y peligroso ante la invasión de las maras nicaragüenses y las mafias de Haití, situación de degradación que el autor denuncia incansablemente y no sin riesgo personal.

A la pregunta de qué motivos lo han llevado a elegir una posición incómoda para el escritor como es la denuncia social y qué objetos  persigue con ello y, si realmente cree que puede cambiar la sociedad a través de la literatura, el autor me contestó que escogió “esa posición incomoda porque mis amigos y yo tenemos hijos, y nuestros hijos también tienen hijos, y queremos algo mejor de vida para ellos. La política en Costa Rica, el hecho de que tenga dos vistas de mar, ha hecho que la corrupción y el narcotráfico nos hayan invadido de una manera irremediable.

Somos un país tan corrupto que dos ex presidentes de la republica han ido a la cárcel. Los políticos han hecho publicidad de que somos el país más feliz del mundo y eso es mentira: la educación no es para todos y esta comprobado, los pobres no pueden ir a la escuela... En cuestión de salud estamos mal y, gracias a la prensa, se ha descubierto una corrupción impresionante. Vivimos en un país lleno de mentiras, cada nada se informa que somos el primer país de Centroamérica o del mundo en esto o aquello, se dicen tantas mentiras, que solo los que tenemos cierta conciencia lo podemos escribir”[23].

3-Sobre el relato “Travesti”:

“Travesti”[24] es uno de los relatos que integran el libro Balada Clandestina. Su título, significativamente, nos anuncia y adelanta en cierto sentido el desenlace, que se producirá en la última línea, pero en ningún caso lo anticipa; no destruye el enorme efecto sorpresivo que posee, y que es una de las grandes bazas con las que trabaja el texto. El lector transcurre por casi la totalidad del relato interrogándose el motivo del título, que no resultará descubierto hasta su conclusión.

En ese sentido, Desinach sigue rigurosamente las teorías que aseguran que un buen cuento se elabora desde un dato oculto[25], que deberá aparecer desvelado a su término, creándose así un final sorpresivo[26]. Esto entraña la dificultad de entablar un juego con el lector, quebrantar su horizonte de expectativas, hacer aparecer la sorpresa cuando ya se imagina otra resolución de la trama. En este caso, todo parece encaminado a que Ratón de confesionario ha elegido a una prostituta adolescente para mantener una relación sexual con ella, o algún tipo de las parafilias de las que es esclavo.

Sin embargo, la elección de la prostituta oculta otro tipo de deseo: el de travestirse y, una vez convertido en mujer, poder hablar de cosas de mujeres”[27]. Ratón de confesionario necesita identificarse con un interlocutor a la altura, que comprenda su travestismo y, lógicamente, debe ser una mujer, pero, ¿quién iba a desear hablar de tú a tú con el travestido, y de cosas de mujeres? Obviamente, habrá que pagar por ello, y para eso, nada más fácil que alquilar los servicios de una prostituta.

Este desenlace, hacia el cual corre todo el hilo del cuento, con su gran efecto, está narrado por un personaje común a todos los relatos del libro, que dota de unidad a la obra, con una voz personal tan lograda que funciona igual por separado, y una de cuyas virtudes radica en la forma coloquial en la que se dirige al lector. Una de las bazas narrativas de la voz del personaje es la economía de recursos expresivos, en consonancia con toda la economía de recursos que, en general, hace gala Balada clandestina, y motivo fundamental por el cual recibió el Aquileo J. Echevarría, tal y como resaltó el jurado. Algo que, para su autor, no dejó de resultar sorprendente, puesto que “los cuentos pudieron ser más extensos, algo así como cada uno una novela corta, y nunca creí que fueran a llamar la atención por su brevedad, y mucho menos tener importancia para premios nacionales. Sin embargo, la mínima descripción, o la llamada economía de palabras, llamó la atención del jurado, jurado que estaba compuesto por filólogos clásicos y un novelista de libros tipo “ladrillos” o sea, novelista de libros gruesos”[28].

 En efecto, es un lenguaje directo como un disparo o un puñetazo, que gana por k.o. y aturde al lector, un lector sobrepasado, muchas veces, por la verdadera dimensión de las atrocidades narradas y que, gracias a eso, a esa ausencia de lo que sería el regodearse o el entretenerse en la truculencia, el texto no cae en el tremendismo fácil y resulta tan enormemente eficaz. En ningún caso debemos olvidar que, por increíbles que resulten algunos de los sucesos expuestos en el libro –increíbles por las situaciones de corrupción o violencia inusitada- están basados en la realidad del día a día de la ciudad sucia. En ese sentido, y sobre la gestación de “Travesti”, Desinach recuerda que “está basado en un amigo de infancia, vivíamos en casas distintas, pero jugábamos a las canicas, al trompo... esos juegos de infancia de barriadas pobres, muy pobres. Este amigo, a pesar de que jugaba los juegos de varones, un día me contó parte de su historia y yo por supuesto no podía creer todas las desgracias que había estado viviendo, y que aún vivía, por ejemplo cuando admitía que lo sodomizaron su propio padre y su tío. Fue realmente impresionante. Los días siguientes me contaba más y más historias y casi siempre se le salían las lagrimas, era tanto, que no podía llorar de su propio dolor”[29].

Así, Balada clandestina reproduce una forma de vida, de entender la literatura de su autor, que la califica como “una literatura que hago a mi manera, un estilo, una forma de escribir sobre la existencia, de hacer lo que más he amado en la vida que es escribir, denunciando sin temor lo que hay que decir. De la manera más sencilla y directa: Algo así como sujeto, verbo y predicado... Este asunto de nacer, crecer y vivir en lo tropical me vuelve ardiente para escribir y amar... insertando el escalpelo directo en el corazón, que no sienta que muere de amor”[30].

Una disección de la realidad costarricense mediante la simpleza de una exposición del sujeto, del verbo y del predicado: tan fácil y tan directo como los resortes de la violencia y de la corrupción que Desinach denuncia en su libro. Y esta sencillez hace que la denuncia tenga un eco amplificado.

Profesora: Juana Martínez Gómez.

Asignatura: El cuento hispanoamericano en las últimas décadas.

Alumno: José Carlos Rodrigo Breto.

Máster en Literatura Hispanoamericana.

del libro "Balada Clandestina" por; Faustino Desinach



Faustino Desinach (Costa Rica, 1959)

Nace poco antes del mediodía. Su momento de nacimiento queda marcado en aquel instante en el ordenamiento de la bóveda celeste por una penetrante y poderosa conjunción del Sol con penetrante y poderosa conjunción del Sol con Plutón. Del océano Pacífico, brotan sus coordenadas emocionales. Enmarcando la vida de sus sentimientos dentro de una sensibilidad preñada de fertilidad y de imágenes de un contenido social pleno de intensas inquietudes frente a la condición inherente del ser humano. Vive en matrimonio con la fotografía (infiel con la literatura).

De oficio escritor y fotógrafo, posee reconocimientos importantes y una variada cantidad de exposiciones, conversatorios, recitales realizadas tanto en Costa Rica como en el extranjero.

En los años noventas vive en Nueva York, en donde estudia y labora temporalmente.

Recibió el Premio Nacional Aquileo J. Echeverría (Fotografía) en 1996 y el Premio Nacional Aquileo J. Echeverría, (Literatura) en 2011, por su libro Balada Clandestina.

Trabaja de manera independiente e imparte lecciones de fotografía personalizada en la ciudad de San José.

Como fotógrafo independiente ha publicado Primero de Mayo - Cuba 1996, (foto prensa, 1996); Del camerino a la puesta escénica, (foto teatro, 1997). Como artista visual tiene a su haber aproximadamente unas 40 presentaciones entre exposiciones y recitales poéticos, entre individuales y colectivas dentro y fuera de su país. Además sus fotos han ilustrados portadas e interiores de libros, revistas y periódicos. Participando entre otros documentales para cine-video. Además sus fotos son parte de diferentes colecciones privadas y públicas.

Dentro del género de poesía ha publicado:
Itinerario sexual, (1998); Coffee-Sex, (1999); El bulevar de los infieles, (2000) y Puerto de Pasiones, (2001), poemario con el que cierra “El cuarteto obsceno”.

En narrativa:
Novela ha publicado “Efectos personales, (2009)”.
Cuento “Balada clandestina, (2011)”.
Próximamente 2015, Novela fragmentada en relatos “Perversos”.
Reedición 2015 de “Balada clandestina” por la editorial Costa Rica.




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