TRAVESTI
Leía
el periódico y vi un retrato de mi hermano de crianza, sí, una foto de Ratón de
confesionario. ¿Lo recuerdan ustedes? Ahora andaba metido en una bronca, por
escándalos sexuales con cocaína. Sin embargo, en principio se enredaba con
chiquillos. Pero Ratón de confesionario era impotente.
Cuando
llegó a los treinta años, le dio por seducir a las feligresas adultas,
pidiéndoles, por mensajes de texto desde
su
celular, “Llegue en falda y sin calzones; se rasura bien el
monte
de Venus, se me sienta en las primeras bancas, y abre
y
cierra las piernas, para que cuando yo diga el “Cuerpo de
Cristo”,
al levantar el cáliz, usted me las deje abiertas, para
que
yo pueda mirar”. Así fue como el escándalo salió a la
luz
pública.
Según
las declaraciones de otras feligresas, Ratón de confesionario podía excitarse
sólo en el reducto del
confesionario.
Primero
fue su fantasía. Luego su obsesión. Según él, con
todas
las feligresas tenía sexo. Pero eran mentiras. No lograba
una
erección leñosa. Nadie sabía, ni siquiera el mismo Ratón
de
confesionario, que el monaguillo la grababa las estancias
en
el confesionario con cámara de video, aunque primero lo
hizo
con el teléfono celular.
El
monaguillo les pasó las cintas a los medios escritos y hasta transcribieron la
conversación con las feligresas en el confesionario.
A
veces, según las mismas víctimas, después de haberse arrodillado por casi
treinta minutos y, cumplida la
imposición
sacerdotal, Ratón de confesionario llegaba y les
insinuaba
toda la sexualidad, en voz baja. Presionaba de
manera
emocional a las damas, jóvenes o maduras, casadas,
viudas
o solteras.
Estas,
al no soportar la presión verbal de Ratón de confesionario, corrían como
desquiciadas por entre las bancas.
Los
latigazos hacían eco por toda la iglesia.
Su
sadismo era el reflejo de las vivencias del Seminario, que
a
él lo había marcado para siempre.
-Entre
más corran, más duro les doy… tren de putas…
se
las va a tragar la tierra de esta misma iglesia...
-les
gritaba Ratón de confesionario.
Fue
entonces cuando me di cuenta de las locuras de mi
hermano,
de su doble identidad. Yo nunca lo señalaría ni lo
juzgaría,
mucho menos sería capaz de condenarlo. Desde
jóvenes,
como ustedes saben, los dos hemos sido buenos
amigos
y lo seguiremos siendo. Además, él nunca me ha
salido
a mí con mariconadas. Pero el pacto de sangre y el
juramento
jamás se romperían. Lo que uno comía de niño lo
comía
el otro; adonde iba uno, iba el otro, y así por el estilo.
Luego,
al salir del colegio, Ratón de confesionario salió con
su
vocación sacerdotal. Decía que él sería el intermediario
para
evitar que se llenara el infierno.
A
Ratón de confesionario, cuando lo suspendieron ad divinis, le quitaron los
hábitos. En el Seminario, le rompieron el trasero. En una época, el ano se le
puso como una coliflor, según contó él mismo en medio de una borrachera que nos
pegamos los dos.
Los
sacerdotes mayores lo habían agarrado de encargo.
Bien,
hay que reconocer que Ratón de confesionario es
bien
parecido, hermoso, de nalgas grandes y redondas.
Pero
aquella desgracia emocional nunca la superó, aunque
conservó
su personalidad masculina, pues de hecho no tiene ademanes de marica.
Lo
busqué y nos encontramos. Empezamos a salir y la pasábamos muy bien.
La
otra mañana, Ratón de confesionario me había llamado por teléfono y me había
dicho que quería salir a buscar a una puta, recogerla y llevársela para el
apartamento secreto. Le dije que me diera media hora.
Me
extrañó que me pidiera tal favor; todos sabemos ya cómo
es
él. Cuando Ratón de confesionario llegó, me explicó qué
tenía
en mente, le dije que no había problema y nos fuimos.
Dimos
varias vueltas por las principales calles donde están
esas
mujeres, pero ninguna tenía el perfil que necesitaba
Ratón
de confesionario. Fuimos a la cantina por un par de
cervezas.
La
cerveza nos produjo ganas de orinar y los dos nos fuimos para el baño a la vez.
Ratón de confesionario se quejó en la primera expulsión de orina. Volvimos a la
barra y Ratón de confesionario le compró un par de éxtasis, a uno de los
presentes. Dimos una hora más de tiempo, mientras
veíamos
el final de las noticias del mediodía. Quizá porque
era
aún muy temprano.
La
mujer que buscábamos generalmente salía entre la una y las dos de la tarde,
excepto cuando estaba en exámenes, porque esos días salía más tarde. Pero bien
valía la pena esperar. Salimos a la calle, subimos al Nissan Sunny, y en la
segunda calle, la encontramos, joven, hermosa y de cabello corto.
Ella
estuvo de acuerdo en ir al apartamento y recibir el pago en efectivo. Se subió
por la puerta de atrás y desaparecimos del lugar. Una vez en el apartamento,
Ratón de confesionario puso música instrumental; a la muchacha le cambió el
semblante y se puso cómoda.
Ratón
de confesionario le pidió a ella unos minutos para ponerse ropa liviana. Dejó
sobre la mesa un espejo con polvo de
cocaína
listo para hacerse las líneas.
-¿Ve
ese confesionario? Es de verdad, si quiere reza o, si quiere confesarse, puede
hacerlo… - le dije a la muchacha.
La
mujer se sintió extraña, muy extraña. Colgó su carterita en el respaldar de la
silla del comedor y se sentó ahí mismo.
Pasaron
quince minutos y Ratón de confesionario no salía.
La
muchacha empezó a inquietarse; se levantó del sillón y
fue
hasta la puerta. Su hermoso cuerpo quedó a contraluz
con
la ventana. Yo estaba allí, en el otro extremo de la habitación. La jovencita
me hizo señas de qué pasaba; yo no
dije
nada, solo le hice señas de que esperara un momento y se sentara en la silla
que tenía al lado.
-¿Todo
está bien, amorcito?
-Sí…
ya voy… Esperame, no serán más de tres minutos…
Cuando
Ratón de confesionario salió de la pieza, se sentó
frente
a ella y le dijo…
-Ahora
sí, hablemos cosas de mujeres…
La
joven prostituta quedó estupefacta, al ver frente aquel rostro tan perfecto,
tan maquillado y aquel cuerpo impecablemente vestido de lentejuelas…
La literatura de Faustino Desinach es fragmentada, atemporal, nostálgica, polifónica, capítulos cortos, reducidos breves, casi amputados, directos, esenciales, punzo cortantes, pero llenos de realismo sucio y cotidiano, se alimenta de paradas de buses,
los viajes en trenes, mercados, moles, hospitales, barrios citadinos, al final hilados por la ambientación de personajes solitarios, decadentes, neuróticos, y marginados.
TRAVESTI
El
cuento hispanoamericano en las últimas décadas
José
Carlos Rodrigo Breto
Máster
en Literatura Hispanoamericana
Faustino
Desinach, Balada clandestina
y
su lugar dentro de la literatura costarricense actual:
Montserrat
Doucet, la prologuista de Balada clandestina (2011), el libro de relatos de
Faustino Desinach, y recientemente Premio Nacional de Literatura y Cuento de
Costa Rica[1], que me ocupa en este trabajo, define una de las características
fundamentales del texto a partir de la palabra balada que se encuentra en su
título: “La balada, de transmisión oral, era una composición muy antigua usada
por los juglares en la época medieval y que, con un lenguaje muy sencillo,
narraba la historia de gente común y corriente: presentaba acción dramática,
diálogos, amor, dolor y emociones. Balada clandestina (...) comienza con una
interpelación al público al más puro estilo juglaresco y no abandonará este
tono a lo largo de las veintidós historias que constituyen el libro, en las que
el dramatismo, el amor, el dolor y las emociones se desbordarán hasta situar a
la obra dentro de ese denominado realismo sucio cuyo padre –señalado así por
Bukowski-, allá por los años 30, fue el escritor John Fante”[2].
En
efecto, todo el libro está atravesado de ese lenguaje popular, sencillo, que
narra las historias de la gente común y de los más desfavorecidos, quienes se
mueven en las zonas limítrofes de la sociedad, y lo hace en un tono
baladístico, en un tono de imprecación al lector que hace mucho más próximos
los relatos y a su narrador, entroncando, en cuanto a temática, con el realismo
sucio, una tendencia literaria de la que el propio Faustino Desinach se
considera heredero [3]. Aunque la mayoría de los críticos suelen situar el
nacimiento del realismo sucio a caballo entre los años 1970 y 1980, en opinión
de uno de sus máximos exponentes, Charles Bukowski (1920), y también en la mía
propia, el abanico temporal es mucho más amplio y será John Fante (1909) el
iniciador de esta corriente[4], aunque para la crítica uno de los claros
antecesores sea J. D. Salinger (1919), con un realismo sucio tal vez encontrado
en sus cuentos[5], pero que en absoluto aparece en sus escasísimas novelas.
Las
características del realismo sucio son minimalismo, parquedad en la expresión,
concisión, incluso pobreza de elementos. Es lo contextual y no lo formal lo que
aplasta al lector, lo que impacta. Como ejemplo definitorio de la corriente se
podrían citar los textos Pregúntale al polvo (1939) y Camino de los Ángeles
(1933)[6] de John Fante, y Cartero (1971)[7]
de Bukowski. Considerado como gran maestro del realismo sucio, y Desinach así
lo tiene también -junto con Bukowski-, aparece el cuentista Raymond Carver
(1938), aunque se debe tomar con prudencia su trabajo y su producción a la
vista de las reveladoras confesiones de su editor Gordon Lish (parece que su
tarea alcanzaba mucho más allá que la de ser mero editor, actuando casi de
co-autor y retocando muchísimo, hasta la reescritura, algunos de los textos de
Carver)[8]. A pesar de esta polémica, Desinach reconoce a Carver y también a
Hemingway, “básicamente como dos profesores en la aula”[9] y su interés en “el
realismo sucio reside en el minimalismo literario, por el énfasis que hace en
lo directo del mensaje”[10].
Otros
autores que, siempre según la crítica, caben en esta definición de realismo
sucio, son el norteamericano Chuck Palahniuk (1962), fundamentalmente con su
éxito Club de lucha (1996)[11], y ya en el ámbito de lo hispánico el poeta
Roger Wolfe (1962)[12] y Pedro Juan Gutiérrez (1950) con su Trilogía sucia de
La Habana (1999)[13], una tendencia de gran arraigo en Cuba, asentada en la
pulsión sexual, como una vía sexual de escape a la dictadura[14], mientras que
en Costa Rica, el realismo sucio manejado por Desinach es una manera de
denunciar y poner de relieve una realidad enferma y empobrecida, la denuncia de
los más desfavorecidos y marginales, con lo que se nos presenta un doble
aspecto o función de la corriente según el país en el cual se inscriba: sexo
liberador de la realidad o denuncia escatológica de esa misma realidad, en ambos
casos insoportable.
Mucho
tiene el realismo sucio de trabajo fotográfico, de instantánea tomada de la
realidad inmediata[15], y los relatos que integran el volumen Balada
Clandestina se nos presentan como una serie de esas fotografías en las que el
narrador es un voyeur que captura los momentos más sórdidos para entregarnos un
álbum de textos. Son todas ellas “historias cotidianas sin cerrar, con un
lenguaje sencillo y un mínimo de recursos estilísticos, influidas por el
realismo sucio de factura norteamericana; la obra cuenta, además, con la
originalidad del mundo que refleja y en el cual se ubican los relatos: un país
de América Latina donde las raíces indígenas permanecen bien presentes. El
ámbito mágico que trae consigo la lluvia, por ejemplo, rinde tributo a la
herencia hispanoamericana”[16]. Esta afirmación de Doucet, en el prólogo que
escribe a Balada Clandestina, puede sorprender en un principio dada la
mayoritaria tendencia de los cuentistas latinoamericanos de finales de siglo XX
y de principios de XXI a desmarcarse del realismo mágico, al que reconocen y
tributan su agradecimiento, sin renegar de él, pero con el que no quieren
identificarse. Desinach no tiene ese problema, y reconoce abiertamente la
influencia del realismo mágico y su interés e intención en incluirlo en su obra
sin ningún tipo de trauma o problema de identidad: se crea así, en sus textos,
una curiosa oposición de realismo sucio frente a realismo mágico cuyo resultado
es el de una ciudad de San José de Costa Rica que podríamos definir como ciudad
sucia[17].
Quizás
este híbrido literario que aúna realismo sucio y realismo mágico dará como
producto la tendencia apuntada por algunos críticos, la llamada Gótico
Tropical. Para el crítico y escritor Juan Murillo, Balada Clandestina forma
parte de una corriente literaria nacida en Costa Rica, a la que denomina así,
Gótico tropical, en la que “una parafernalia gótica -una puesta en escena
gótica (con referentes a la locura, los cementerios, los fantasmas, el
espiritismo, la brujería…), etc., cohabita con un naturalismo descriptivo de
escasez de recursos, apenas descriptivo y que utiliza problemas escabrosos y de
miserias sociales en la ciudad de San José como ambientación para el desarrollo
de las historias”.[18] Para Murillo, Poe y Lewis son escritores góticos que
están presentes en el interior de los cuentos de Balada Clandestina[19].
Sin
embargo, el crítico opina que los autores de esta San José, la ciudad sucia, no
tienen interés en profundizar en los temas que tan sólo les sirven de marco,
como la prostitución (ya sea infantil, o los homosexuales, los travestidos…),
ni en la violencia, el alcoholismo, el narcotráfico…[20], cuando un vistazo
desnudo de acomplejamientos demuestra que este realismo sucio minimalista lo
que hace es denunciar y tomar posición y partido frente a esas lacras y estos
dramas.
Y,
como entrada al texto periodístico en el que desarrolla esta crítica, Murillo
pone como ejemplo claro del estilo Gótico Tropical, el cuento “Travesti”, “al
mezclar en una sola figura un elemento gótico (el monje loco, un cura en este
caso) con un tema social –el travestismo-.”[21] No deja de sorprenderme y, como
demostraré a continuación, el relato va mucho más allá del tema social, donde
el travestismo es, quizás, lo de menos –o un golpe efectista final que
convierte al texto en algo demoledor- y la denuncia es de muy profundo calado
sobre otros aspectos sociales.
La
obra de Faustino Desinach adopta, al igual que sucede con su anterior libro, la
novela Efectos Personales (2009)[22] y varios poemarios, parte de esa
tradicional cultura de la violencia que se ha expandido por Latinoamérica como
un maremoto originado en la novela de la violencia colombiana (con profusión de
sicarios y asesinatos que también aparecen en Balada Clandestina), pero
producto, no sólo de una moda sino de una realidad: la Costa Rica actual hace
mucho tiempo que dejó de ser la Suiza de Centroamérica para convertirse en un
país corrupto y peligroso ante la invasión de las maras nicaragüenses y las
mafias de Haití, situación de degradación que el autor denuncia incansablemente
y no sin riesgo personal.
A
la pregunta de qué motivos lo han llevado a elegir una posición incómoda para
el escritor como es la denuncia social y qué objetos persigue con ello y, si realmente cree que
puede cambiar la sociedad a través de la literatura, el autor me contestó que
escogió “esa posición incomoda porque mis amigos y yo tenemos hijos, y nuestros
hijos también tienen hijos, y queremos algo mejor de vida para ellos. La
política en Costa Rica, el hecho de que tenga dos vistas de mar, ha hecho que
la corrupción y el narcotráfico nos hayan invadido de una manera irremediable.
Somos
un país tan corrupto que dos ex presidentes de la republica han ido a la
cárcel. Los políticos han hecho publicidad de que somos el país más feliz del
mundo y eso es mentira: la educación no es para todos y esta comprobado, los
pobres no pueden ir a la escuela... En cuestión de salud estamos mal y, gracias
a la prensa, se ha descubierto una corrupción impresionante. Vivimos en un país
lleno de mentiras, cada nada se informa que somos el primer país de
Centroamérica o del mundo en esto o aquello, se dicen tantas mentiras, que solo
los que tenemos cierta conciencia lo podemos escribir”[23].
3-Sobre
el relato “Travesti”:
“Travesti”[24]
es uno de los relatos que integran el libro Balada Clandestina. Su título,
significativamente, nos anuncia y adelanta en cierto sentido el desenlace, que
se producirá en la última línea, pero en ningún caso lo anticipa; no destruye
el enorme efecto sorpresivo que posee, y que es una de las grandes bazas con
las que trabaja el texto. El lector transcurre por casi la totalidad del relato
interrogándose el motivo del título, que no resultará descubierto hasta su
conclusión.
En
ese sentido, Desinach sigue rigurosamente las teorías que aseguran que un buen
cuento se elabora desde un dato oculto[25], que deberá aparecer desvelado a su
término, creándose así un final sorpresivo[26]. Esto entraña la dificultad de
entablar un juego con el lector, quebrantar su horizonte de expectativas, hacer
aparecer la sorpresa cuando ya se imagina otra resolución de la trama. En este
caso, todo parece encaminado a que Ratón de confesionario ha elegido a una
prostituta adolescente para mantener una relación sexual con ella, o algún tipo
de las parafilias de las que es esclavo.
Sin
embargo, la elección de la prostituta oculta otro tipo de deseo: el de
travestirse y, una vez convertido en mujer, poder hablar de cosas de
mujeres”[27]. Ratón de confesionario necesita identificarse con un interlocutor
a la altura, que comprenda su travestismo y, lógicamente, debe ser una mujer,
pero, ¿quién iba a desear hablar de tú a tú con el travestido, y de cosas de
mujeres? Obviamente, habrá que pagar por ello, y para eso, nada más fácil que
alquilar los servicios de una prostituta.
Este
desenlace, hacia el cual corre todo el hilo del cuento, con su gran efecto,
está narrado por un personaje común a todos los relatos del libro, que dota de
unidad a la obra, con una voz personal tan lograda que funciona igual por
separado, y una de cuyas virtudes radica en la forma coloquial en la que se
dirige al lector. Una de las bazas narrativas de la voz del personaje es la
economía de recursos expresivos, en consonancia con toda la economía de
recursos que, en general, hace gala Balada clandestina, y motivo fundamental
por el cual recibió el Aquileo J. Echevarría, tal y como resaltó el jurado.
Algo que, para su autor, no dejó de resultar sorprendente, puesto que “los
cuentos pudieron ser más extensos, algo así como cada uno una novela corta, y
nunca creí que fueran a llamar la atención por su brevedad, y mucho menos tener
importancia para premios nacionales. Sin embargo, la mínima descripción, o la
llamada economía de palabras, llamó la atención del jurado, jurado que estaba
compuesto por filólogos clásicos y un novelista de libros tipo “ladrillos” o
sea, novelista de libros gruesos”[28].
En efecto, es un lenguaje directo como un
disparo o un puñetazo, que gana por k.o. y aturde al lector, un lector
sobrepasado, muchas veces, por la verdadera dimensión de las atrocidades
narradas y que, gracias a eso, a esa ausencia de lo que sería el regodearse o
el entretenerse en la truculencia, el texto no cae en el tremendismo fácil y
resulta tan enormemente eficaz. En ningún caso debemos olvidar que, por
increíbles que resulten algunos de los sucesos expuestos en el libro
–increíbles por las situaciones de corrupción o violencia inusitada- están
basados en la realidad del día a día de la ciudad sucia. En ese sentido, y
sobre la gestación de “Travesti”, Desinach recuerda que “está basado en un
amigo de infancia, vivíamos en casas distintas, pero jugábamos a las canicas,
al trompo... esos juegos de infancia de barriadas pobres, muy pobres. Este
amigo, a pesar de que jugaba los juegos de varones, un día me contó parte de su
historia y yo por supuesto no podía creer todas las desgracias que había estado
viviendo, y que aún vivía, por ejemplo cuando admitía que lo sodomizaron su
propio padre y su tío. Fue realmente impresionante. Los días siguientes me
contaba más y más historias y casi siempre se le salían las lagrimas, era
tanto, que no podía llorar de su propio dolor”[29].
Así,
Balada clandestina reproduce una forma de vida, de entender la literatura de su
autor, que la califica como “una literatura que hago a mi manera, un estilo,
una forma de escribir sobre la existencia, de hacer lo que más he amado en la
vida que es escribir, denunciando sin temor lo que hay que decir. De la manera
más sencilla y directa: Algo así como sujeto, verbo y predicado... Este asunto
de nacer, crecer y vivir en lo tropical me vuelve ardiente para escribir y
amar... insertando el escalpelo directo en el corazón, que no sienta que muere
de amor”[30].
Una
disección de la realidad costarricense mediante la simpleza de una exposición
del sujeto, del verbo y del predicado: tan fácil y tan directo como los
resortes de la violencia y de la corrupción que Desinach denuncia en su libro.
Y esta sencillez hace que la denuncia tenga un eco amplificado.
Profesora: Juana
Martínez Gómez.
Asignatura: El
cuento hispanoamericano en las últimas décadas.
Alumno: José
Carlos Rodrigo Breto.
Máster en
Literatura Hispanoamericana.
del libro
"Balada Clandestina" por; Faustino Desinach
Faustino Desinach (Costa Rica, 1959)
Nace
poco antes del mediodía. Su momento de nacimiento queda marcado en aquel
instante en el ordenamiento de la bóveda celeste por una penetrante y poderosa
conjunción del Sol con penetrante y poderosa conjunción del Sol con Plutón. Del
océano Pacífico, brotan sus coordenadas emocionales. Enmarcando la vida de sus
sentimientos dentro de una sensibilidad preñada de fertilidad y de imágenes de
un contenido social pleno de intensas inquietudes frente a la condición
inherente del ser humano. Vive en matrimonio con la fotografía (infiel con la
literatura).
De
oficio escritor y fotógrafo, posee reconocimientos importantes y una variada
cantidad de exposiciones, conversatorios, recitales realizadas tanto en Costa
Rica como en el extranjero.
En
los años noventas vive en Nueva York, en donde estudia y labora temporalmente.
Recibió el Premio
Nacional Aquileo J. Echeverría (Fotografía) en 1996 y el Premio Nacional
Aquileo J. Echeverría, (Literatura) en 2011, por su libro Balada Clandestina.
Trabaja
de manera independiente e imparte lecciones de fotografía personalizada en la
ciudad de San José.
Como
fotógrafo independiente ha publicado Primero de Mayo - Cuba 1996, (foto prensa,
1996); Del camerino a la puesta escénica, (foto teatro, 1997). Como artista
visual tiene a su haber aproximadamente unas 40 presentaciones entre
exposiciones y recitales poéticos, entre individuales y colectivas dentro y
fuera de su país. Además sus fotos han ilustrados portadas e interiores de
libros, revistas y periódicos. Participando entre otros documentales para
cine-video. Además sus fotos son parte de diferentes colecciones privadas y
públicas.
Dentro
del género de poesía ha publicado:
Itinerario
sexual, (1998); Coffee-Sex, (1999); El bulevar de los infieles, (2000) y Puerto
de Pasiones, (2001), poemario con el que cierra “El cuarteto obsceno”.
En
narrativa:
Novela
ha publicado “Efectos personales, (2009)”.
Cuento
“Balada clandestina, (2011)”.
Próximamente
2015, Novela fragmentada en relatos “Perversos”.
Reedición
2015 de “Balada clandestina” por la editorial Costa Rica.
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